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Superá la crisis con la mentoría MPV

CRISIS

Hay algo de lo que casi nadie habla cuando se emprende. Te enseñan a vender, a comunicar, a usar herramientas digitales, a mejorar productos, a optimizar procesos e incluso ahora a implementar inteligencia artificial. Todo parece girar alrededor de crecer, producir más, facturar más rápido y moverse constantemente. Pero muy pocas veces alguien te explica qué hacer cuando aparecen las dudas, el agotamiento, la pérdida de claridad o esa sensación incómoda de que todo lo que venías construyendo empezó a tambalearse. Y creo que eso le pasa a muchísimos emprendedores, aunque muchas veces no se animen a decirlo en voz alta.

Porque emprender no es solamente construir un negocio. También es aprender a sostener cambios constantes sin perder la confianza en uno mismo. Es atravesar momentos donde las respuestas no aparecen rápido, donde las decisiones pesan más de lo normal y donde la incertidumbre empieza a mezclarse con el cansancio. Hay etapas donde uno siente que perdió el eje, que ya no disfruta igual el proyecto o que la forma en la que venía trabajando dejó de funcionar. Y cuando eso pasa, es muy común interpretar esas sensaciones como señales de fracaso.

A mí me pasó muchas veces. Me pasó de no saber si seguir, de sentir agotamiento, de querer reenfocar proyectos o de perder claridad sobre hacia dónde quería ir. Durante mucho tiempo interpreté todo eso como una señal de que algo estaba mal en mí o en lo que estaba construyendo. Pensaba que quizás no estaba preparado, que había tomado malas decisiones o que simplemente no estaba logrando sostener el ritmo que parecía sostener todo el mundo alrededor mío. 

Pero con el tiempo empecé a entender algo importante: muchas veces las crisis no aparecen para destruir lo que estamos haciendo. Aparecen para obligarnos a revisar cómo lo estamos construyendo. Y esa diferencia cambia completamente la manera de mirar el problema. Porque cuando uno piensa la crisis únicamente como algo negativo, automáticamente aparecen el miedo, la desesperación o la necesidad de tomar decisiones impulsivas. En cambio, cuando uno entiende que también puede ser una instancia de transformación, la mirada cambia.

Y revisar no siempre es algo negativo. A veces revisar implica reconocer que ciertas dinámicas ya no tienen sentido, que algunos procesos nos están desgastando o que determinadas expectativas eran irreales para la etapa que estamos atravesando. Otras veces revisar significa aceptar que el proyecto necesita evolucionar porque nosotros también cambiamos. Y creo que ahí hay algo muy importante para muchos emprendedores: entender que no siempre somos las mismas personas que arrancaron el proyecto. Cambian nuestras prioridades, nuestros tiempos, nuestra energía, nuestra forma de trabajar y también nuestra manera de entender el éxito.

Muchas veces el problema no es el emprendimiento. El problema es intentar sostener una versión vieja de ese emprendimiento mientras nosotros ya estamos atravesando otra etapa. Y eso genera muchísimo desgaste. Especialmente en un contexto donde todo parece urgente, inmediato y acelerado. Las redes sociales, la velocidad de la tecnología y la presión permanente por crecer generan la sensación constante de que siempre estamos llegando tarde. Entonces aparece la idea de que hay que hacer más, producir más, automatizar más o trabajar más horas para recuperar el control.

Y en medio de toda esa velocidad, muchos emprendedores empiezan a sentir que si están cansados, confundidos o perdidos significa que están fallando. Como si el cansancio fuese una prueba de incapacidad y no una consecuencia lógica de sostener procesos complejos durante mucho tiempo. Como si dudar estuviera mal. Como si cambiar de dirección automáticamente significa que tenemos que abandonar. Y creo que ahí hay una de las mayores trampas del emprendimiento actual: pensar que todo tiene que estar claro todo el tiempo.

Trabajando en mis proyectos míos y de emprendedores entendí que muchas de las cosas que sentimos como crisis son, en realidad, transiciones que todavía no sabemos cómo nombrar. Son momentos donde una forma de trabajar deja de alcanzar para la etapa actual del negocio. Y las transiciones son incómodas porque obligan a tomar decisiones nuevas, a redefinir prioridades, a poner límites, a simplificar procesos o incluso a aceptar que ciertas formas de hacer las cosas ya no tienen sentido. Pero eso no significa necesariamente que el proyecto esté roto.

Por eso cada vez creo más que las crisis no son momentos para bajar los brazos. Son momentos para frenar, observar y reenfocar. Son oportunidades para recuperar claridad, entender qué cosas sí queremos seguir sosteniendo y cuáles ya no. También son momentos para volver a conectar con el propósito inicial que nos llevó a emprender, porque en el intento de crecer rápido terminamos alejándonos de lo que realmente queríamos construir.

Hace poco releí una frase de un libro que me gusta mucho que dice que: “si no experimentás el fracaso, estás cometiendo un error todavía peor: funcionar bajo el deseo de evitarlo”. Y creo que ahí hay una enseñanza muy fuerte para cualquier persona que emprenda. Porque muchas veces el miedo a equivocarnos nos paraliza más que los errores mismos. Nos hace esperar demasiado, sobrepensar decisiones o intentar controlar procesos que solamente pueden entenderse atravesándolos. Intentamos evitar tanto el error que terminamos frenando nuestro crecimiento.

Y eso no significa romantizar el fracaso ni negar el dolor que generan ciertas etapas. Las crisis duelen. Agotan. Desordenan. Generan incertidumbre. Pero también pueden transformarse en momentos donde aparecen nuevas preguntas, nuevas prioridades y nuevas maneras de construir. Muchas veces, después de una crisis, uno descubre que necesitaba cambiar cosas que venía sosteniendo únicamente por costumbre, miedo o inercia.

Emprender también es aceptar que no vamos a tener todas las respuestas desde el principio. Es aprender mientras hacemos. Es corregir mientras avanzamos. Es equivocarnos, reenfocar y seguir construyendo incluso cuando el camino todavía no está completamente claro. Y quizás una de las partes más humanas del emprendimiento sea justamente esa: entender que crecer no significa no caer nunca, sino aprender a atravesar los cambios sin perder la confianza en lo que uno viene construyendo.

Si querés más información podés consultar el audio ingresando acá.