Escuela estás usando la IA de manera poco responsable. No es una acusación ni una provocación vacía. Es una constatación que surge de conversaciones que fui teniendo el año pasado con docentes, equipos directivos y titulares de instituciones educativas. Lo que aparece una y otra vez en esos intercambios es el mismo diagnóstico: la inteligencia artificial (IA) ya está en la escuela, pero entró sin un marco claro.
La IA no llegó a las aulas como parte de una decisión pedagógica planificada. Llegó porque los estudiantes la usan cotidianamente, porque muchos docentes comenzaron a explorarla por iniciativa propia y porque las plataformas digitales la incorporaron de manera casi automática. Lo preocupante no es su presencia, sino la falta de acuerdos institucionales sobre su uso.
Docentes de distintos niveles me cuentan que no existen reglas claras sobre cuándo está permitido usar IA y cuándo no. Cada materia, cada curso y cada docente resuelve como puede. Esa falta de criterios comunes genera confusión en los estudiantes y tensiones dentro de los equipos de trabajo.
Desde la conducción de las instituciones aparece otro problema recurrente: las familias no están informadas. En muchos casos no saben qué herramientas de IA se usan, para qué se usan ni qué implicancias tienen. Esa falta de comunicación debilita la confianza y expone innecesariamente a la escuela.
La cuestión de la privacidad surge con fuerza en casi todas las conversaciones. Herramientas que recolectan datos, plataformas que almacenan información y menores que interactúan sin saber qué pasa con esos datos. Sin un protocolo, nadie tiene claro dónde empieza y termina la responsabilidad institucional.
Otro punto que docentes y directivos mencionan con preocupación es el uso, por parte de las alumnas/os, de ChatGPT como si fueran un psicólogo, un consejero emocional o un espacio de contención. Cuando la escuela no abre este debate, ese uso queda invisibilizado y sin acompañamiento adulto.
La falta de capacitación docente es un denominador común. A muchos docentes se les pide que incorporen IA, pero no se les ofrece formación, tiempo ni lineamientos claros. Esto genera miedo, resistencia o usos improvisados que afectan el proceso pedagógico.
Cuando la IA entra a la escuela de esta manera – sin reglas, sin diálogo y sin formación – el aprendizaje se desordena. Las expectativas se vuelven confusas, la evaluación pierde sentido y la confianza entre estudiantes, docentes y familias empieza a erosionarse.
Lejos de reducir riesgos, esta improvisación los aumenta. No porque la IA sea negativa en sí misma, sino porque se la deja actuar sin conducción pedagógica ni ética institucional.
Hablar de IA Responsable es ponerle nombre a esta preocupación compartida. No se trata de prohibir ni de frenar la innovación, sino de ordenar, cuidar y acompañar un proceso que ya está en marcha.
Por eso, cada vez más docentes y responsables institucionales coinciden en la necesidad de contar con un protocolo de IA Responsable. Un marco común que dé previsibilidad y alivie la carga individual de tener que decidir todo en soledad.
Un protocolo permite establecer reglas claras sobre cómo y cuándo usar la IA, definir responsabilidades y generar acuerdos compartidos entre docentes, estudiantes y directivos.
También es una herramienta clave para cuidar los datos personales y la privacidad de niños, niñas y adolescentes, alineando el uso de tecnología con la normativa vigente y con una ética del cuidado. Además, un protocolo obliga a informar a las familias, a explicar qué se hace, por qué se hace y cómo se protege a los estudiantes. La transparencia vuelve a ocupar un lugar central.
La IA Responsable implica necesariamente un plan de capacitación docente. No para convertir a las/los profes en técnicos, sino para darles criterios, seguridad y herramientas para trabajar con estas tecnologías de forma consciente.
A partir de todo esto – y de lo que docentes y titulares de instituciones educativas me vienen contando – armé un protocolo de IA Responsable, un documento pensado para que cada escuela lo adapte a su realidad, su nivel educativo y su normativa.
Adaptalo a tu escuela, ordená el uso y empezá el 2026 pensar la IA responsablemente.
Si te interesa el protocolo podés descargarlo ingresando acá.
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